Bajar a Madrid en hora punta ya es una aventura en sí. La A6 es como el laberinto del minotauro, por muy recta que sea, y te puede pillar el toro en cualquier kilómetro intra-extra-bus-vao. Puedes llegar pronto, tarde, tardísimo o sin remedio. Tardar media hora, si los ángeles están de tu parte, y/o media hora en alcanzar el semáforo de Princesa desde el Arco, si se te ponen de parte del agente de movilidad (aquí no hay guardias, que son una antiguedá). Llegar o´clok es para los elegidos, nunca estuve en ese club, pero juro que algunas mañanas son de aurora boreal.
Ya en la city, soy más de autobús, y de mirar por encima del hombro a los coches desde la ventanilla. Me divierte y me llena de pensamientos la observación móvil. Pero hoy se imponía metro. Mi transbordo coincide con la línea del aeropuerto, y es tan largo que tendrían que poner bancos a la mitad si no fuera por las cintas transportadoras de maletas y de gentes. Los pasos retumban a ritmo rápido, ni los legionarios. Unos muchachitos bien, inconfundible acento mexicano, se dicen: “todos están apurados menos nosotros”. Vamos, que se creen que pasa algo. Como ya se van para Barajas, ni les explico: aquí todos llegamos tarde, “güeys”, todos los días…Miguel Sebastián sonríe, aún, ampliamente desde una esquina: QUIERO y debajo: Madrid para tí, en pequeño. Tío, -pienso- tenías que haber cambiado el cuerpo de letra, al revés, por probar digo...
Cuándo llego rozando lo permisible, la entrada de mi edificio está llena de policías municipales, con sus coches y sus motos. ¿Qué pasa? pregunto a Seguridad. “No pasa nada, pero va a pasar”…Simulacro…ni me preocupo por la hora, ante la posibilidad de que se cumpla al menos uno de mis sueños eróticos: un bombero –al fin- me cogerá en sus brazos…Apenas enciendo, megafonía…evacúen el edificio, bis, bis…no veo a mi héroe…sí al encargado de la cosa con chaleco fosforito invitarnos a la escalera… planta 12…si la cosa fuera en serio, muertos por broma. Todos en la calle: el recuento… no falta nadie, escaqueo general.
Mejor, porque tengo un business. Precisamente hoy me toca fundar una empresa de éxito. Lo del simulacro me lo ha mandado el cielo, para compensarme de lo de los ángeles en Moncloa. Que no me den las 12:00 que tengo reunión.
Cruzo Castellana como una gacela. Mi mente pasa de un asunto a otro sin que se me mueva la diadema, me pasmo de como me despeja la presión (profesioná) y la subida de temperatura (en la Sierra, edredón, según bajo y avanza el día me voy quitando capas…) Todo OK. Pero mi insaciable curiosidad pregunta por el almacén de libros. Amenábar no ha visto esos sótanos. Uno, dos tres cuatro, bien gordos…mis brazos no pueden con más conocimiento y me conformo con los incunables, mañana será otro día, vendré con el kit de salvamento…sigo con la agenda…sesión relax…pues corriendo al bus, al que parece que hace la ruta de los Ministerios…en una de las paradas (me veo seria en el retrovisor, tengo que reírme más) se sube uno que se subía en las mesas de Chamartín a dar asambleas, mira que mono, para lo que le ha servido la militancia…y sonrío… algo es algo.
Las 16:00: mi pantaaalla, mi siiilla…Microsoft Outlook interno: Como evitar posible atentado terrorista…Departamento, Credencial, Control…pero de qué se va a asustar una, -las cinco en punto de la tarde- del 5 del 6 del 7, nacida y residente en Madríz, si aún tiene que salir de aquí, hacer el camino de vuelta y conseguir llegar a casa, con tanta tarde-noche por delante…