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miércoles, 2 de mayo de 2007

PANORAMIS


No es que me fíe de los peces de colores. Mi visión tutifrutti de la vida es subjetiva e intencionada como que hay sol. Como la Hija de la luna en La historia interminable elijo estar en el lado de Fantasía, y que ésta cuente con un@ más, a que me trague la Nada, y ésta se expanda cada vez que haya un@ menos. Ese comentario... (¿Qui?) sobre la realidad que existe sólo si alguien la ve, me ha dado vueltas y revueltas en la cabeza...

Cuándo retrato un momento de la plaza naif, lo hago sabiendo que hay otro tiempo, otro espacio, otra materia y otra energía además de la que yo veo en ese minuto. Que tras los colores se intuye zona de penumbra, negro desesperación, y personajes siniestros. Pero yo no lo veo porque no quiero que el lado obscuro se cruce conmigo ni en mis pensamientos. Porque se les da nombre hay sombras. Porque se les alimenta crecen los monstruos. Porque se les imagina aparecen los fantasmas. Del blanco al negro, los que cruzaron la raya se cambiaron de realidad. Están en la Nada.

Doy nombre a lo que amo, a lo que siento y a lo que me hace vibrar, para que gane terreno Fantasía. Amo el color, el olor y el sabor. Procuro sentir placer, dolor, y risa con la misma intensidad. Y me hacen vibrar las realidades que veo, y temblar las que no quiero ver, porque sé, que están.

La noche primera de mayo (del día no me creo mucho, puro teatro) disfruto “otra” ciudad desde el fantástico mirador de los PanoramiS...una luna llena regalo del cielo iluminaba barquitas meciéndose, -literalmente- en un puerto deportivo postinero. Una postal, con la ciudad de fondo. Tan real como distinta a la de antenoche, al otro lado del Benacantil.

He visto una peli sobre la obsesión. Realidades, mil, aquí y ahora.