Me despiertan a diario o en fin de semana. Me ponen horarios y me imponen rutinas. Me despiden. Me reciben. Y me dan besitos cada vez. Me esperan en la puerta cuándo oyen mis pasos. Comemos, dormimos, y soñamos. Nos miramos y nos entendemos. Juegan conmigo hasta que juego con ellos. Se mueren por mí y por estar en Internet. Me creo que les cuido, pero sé que es viceversa. Ni me acuerdo de todo lo que he aprendido de ellos. Amor de hierro con tacto de seda. Cuenta una leyenda que un gato se quedó dormido sobre la túnica de Buda; éste, para no molestarle, cortó el pedazo de tela alrededor del felino y se alejó sin despertarle.
Domesticada me tienen.
Tara