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jueves, 5 de julio de 2007

...¡HOMBRE!...


Cuando Concepción Arenal, a mediados del siglo XIX, accedió a las aulas de Derecho de la Universidad Complutense bajo ropajes de caballero comenzó para las mujeres en España la reivindicación de la igualdad material. Pero lo que no podía imaginar esta gran feminista era que al vestirse de hombre realizaba una cesión que nos marcaría hasta la actualidad: la pérdida de la feminidad.

Gracias a la lucha de mujeres valientes en tiempos difíciles hoy podemos acceder a cualquiera de los trabajos realizados por los hombres. Sin embargo, como señaló Sigrid Undset, feminista de inicios del siglo XX, “el movimiento feminista se ha ocupado tan sólo de las ganancias y no de las pérdidas de la liberación”.

Cuando las mujeres comenzaron a incorporarse al trabajo en general intentaron emular a sus colegas masculinos por temor a que su feminidad se viera como fragilidad o debilidad. El precio de la igualdad ha sido muy elevado: la masculinización de su estilo de vida y trabajo, la renuncia a su propia esencia femenina, empezando por la maternidad y, en definitiva, la pérdida de su libertad, ya que la mujer no es libre cuando imita los modos de actuar masculinos, porque está atada a unos roles que no le pertenecen, no encajan en su esencia más profunda.
Muchas mujeres se han esforzado por cumplir sus funciones “exactamente como un hombre” y su naturaleza rechazada, reprimida, luego se hace valer y surgen las depresiones, la ansiedad, la insatisfacción, la frustración e infelicidad, porque, como afirmaba García Morente, ser mujer lo es todo para la mujer; es profesión, es sentimiento, es concepción del mundo, es opinión, es la vida entera. La mujer realiza un tipo de humanidad distinto del varón, con sus propios valores y sus propias características y sólo alcanzará su plena realización existencial cuando se comporte con autenticidad respecto de su condición femenina.

Ya hemos demostrado sobradamente que podemos desarrollar nuestras obligaciones profesionales con la misma brillantez que los varones. Ha llegado el momento de reivindicar que la actividad profesional se adapte a nuestra condición femenina y no al revés. El nuevo feminismo defiende un reconocimiento social para la labor de la mujer —y en especial de la madre— que habrá de reflejarse en unas condiciones laborales favorables específicas y, por lo tanto, no idénticas a las de los hombres. Como afirma Haaland Matláry, la verdadera actitud radical de las mujeres actualmente no consiste en imitar a los hombres, sino en ser ellas mismas, aportando sus valores y sus cualidades.

La participación de las mujeres en pleno goce de su íntegra feminidad en todos los ámbitos de la vida social, laboral y política, es una cuestión de justicia, pero es además un beneficio para la “nueva economía”, pues, como afirma Tom Peters, gurú de los negocios en Estados Unidos, las tendencias actuales sugieren que en el siglo XXI muchos sectores de la actividad económica necesitarán el talento y las habilidades innatas y naturales de las mujeres.

Las empresas públicas y privadas no pueden permitirse el lujo de despreciar a las mujeres tal y como son, ya que éstas integran en la empresa, como un valor incuestionable, su propia manera de percibir y comprender la realidad, tan diferente a la de los hombres. Judy Rosener, profesora de la Graduate School of Management de la Universidad de California, cree que todas las compañías que utilicen a pleno rendimiento las diversas dotes de la mujer serán más productivas y rentables: “las organizaciones que no tengan en cuenta las ventajas competitivas que representa la mujer lo harán a su propio riesgo”.


El retorno de las mujeres
María Calvo Charro
(La Gaceta - 05.07.07)

jueves, 26 de abril de 2007

DICTADORES


..."También albergo otra sospecha tenebrosa, que tiene que ver –usando una perífrasis delicada que no alborote mucho el gallinero– con las distintas aficiones y posturas de cada cual respecto al acto venéreo. Dicho de otro modo: lo que abunda entre los modistos no es el estilo camionero tipo Rusell Crowe, sino más bien el Chica Tú Vales Mucho. Pensaba en eso el otro día, hojeando un reportaje sobre quienes dictan la moda de nuestro tiempo. Las fotos eran reveladoras: Jean Paul Gaultier con botas de piloto intrépido acordonadas hasta las rodillas, jersey malva y pantalón de reflejos violetas, John Galiano con melena rubia y rizada hasta la cintura, sombrero de gánster, fular blanco y camiseta negra de pico, Valentino peliteñido, clásico y sobrio como la vida misma, Karl Lagerfeld –aparte esa pinta simpática que tiene, el jodío– con botas de montar, cuello duro, una sortija en cada dedo, una calavera en la corbata y una cadena de bicicleta a manera de cinturón. También venían un par de fulanos más cuyos nombres no retuve, uno con gomina amarilla y las rótulas depiladas asomándole por agujeros de los vaqueros, y otro vestido de Isadora Duncan que iba montado en patinete. Para mí, deduje tras mucho mirarlos, lo que son estos fulanos son unos cachondos. En el fondo –y en la forma– odian a las tías. Y se están vengando...."


(Publicado en
El Semanal
del 3 al 9 de diciembre de 2006
Patente de corso
Arturo Pérez Reverte
La venganza de la Petra)


http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=1587&id_firma=3911