
Cecilia y Celia no son ingenieras, químicas o físicas. Son, ante todo, dos mujeres curiosas y pertinaces. Su invención partió de la necesidad de limpiar sartenes y freidoras de una manera rápida y eficiente. Eliminar para siempre la tentación de tirar el aceite sobrante por el fregadero. "Buscamos en el Google sobre cosas que pudieran hacer sólido el aceite de cocina, porque nos dimos cuenta de que había grasas vegetales que son sólidas a temperatura ambiente, como la margarina".
"Qué fácil sería limpiar la freidora si el aceite se volviese sólido y se pudiera tirar a la basura". Esa frase, extraida de una conversación real entre Cecilia y Celia, fue la chispa que prendió la idea de su 'solidificador de aceites de cocina'. Un invento que podría evitar la contaminación de los millones de litros de agua que cada año se ven afectados por las grasas líquidas que se van por el fregadero.
Fritolimpio es el nombre que han dado estas dos inventoras a su producto, fabricado a base de otras grasas saturadas. Lo han empezado a comercializar hace apenas un par de semanas en forma de escamas. Éstas se distribuyen sobre el aceite de cocina recién usado, en la sartén o la freidora. Se remueve, se espera... Y el resultado es una especie de flan duro que, por descontado "¡no se come!", exclama Cecilia, mientras parte una ración de grasiento producto.
El aceite, ya sólido, arrastra los residuos que deja la freidora o los que se quedan en la sartén, "con lo que su limpieza es más cómoda". Todo ello se puede tirar a la basura, donde la contaminación es menor a la del agua, aunque lo ideal es llevar ese 'mejunje' al punto limpio. Allí es posible reciclarlo y fabricar biocarburantes o, sin llegar a eso, hacer lo que se ha hecho toda la vida: jabón.
